Por: Francisco Ortíz Bello – fcortizb@vozdejuarez.com
A nueve meses de las elecciones de 2027, una lectura superficial de las encuestas podría conducir a una conclusión aparentemente sencilla: Morena encabeza las preferencias para la gubernatura de Chihuahua y el PAN enfrenta una elección cuesta arriba. Sin embargo, el análisis político obliga a mirar más allá de la fotografía demoscópica del momento. En Chihuahua, las elecciones rara vez se explican exclusivamente por las tendencias nacionales, y mucho menos por encuestas levantadas antes de que estén definidas las candidaturas, las alianzas y los temas centrales de la campaña.
Para entender la coyuntura electoral chihuahuense deben incorporarse dos consideraciones fundamentales. La primera es que Chihuahua continúa siendo uno de los estados con mayores preferencias históricas por el PAN, partido que, además, gobierna actualmente la entidad y conserva posiciones estratégicas, estructuras territoriales y liderazgos competitivos. La segunda es que el PAN ha iniciado en otras ocasiones los procesos electorales en desventaja, incluso con diferencias mayores que las registradas actualmente, y ha terminado ganando mediante campañas capaces de activar el voto opositor, explotar los errores del adversario y convertir la competencia nacional en una defensa de la identidad política regional.
Estas dos circunstancias no eliminan la ventaja inicial de Morena, pero sí modifican sustancialmente su interpretación.
Una elección distinta al promedio nacional
En 2027 se renovarán 17 gubernaturas. Morena defenderá doce; el PAN, tres; Movimiento Ciudadano, una, y el Partido Verde, otra. En buena parte de esas entidades el oficialismo nacional dispone de ventajas estructurales tan amplias que, salvo acontecimientos extraordinarios, la competencia parece encaminada a resolverse a su favor. Chihuahua no pertenece a ese grupo.
Aunque Morena aparece adelante en numerosas mediciones, el estado se encuentra dentro del reducido bloque de elecciones potencialmente competitivas, junto con Nuevo León, Aguascalientes, Querétaro y, bajo ciertas condiciones, San Luis Potosí y Campeche. La diferencia es que Chihuahua no solamente representa una posibilidad de expansión para Morena: constituye uno de los últimos grandes territorios políticos que el PAN conserva fuera de la región centro-occidente.
Para Morena, ganar Chihuahua significaría romper uno de los principales contrapesos regionales al predominio nacional de la Cuarta Transformación. Para el PAN, conservarlo sería demostrar que todavía puede competir como alternativa de gobierno y que su viabilidad nacional no se limita a resistir en Aguascalientes, Guanajuato o Querétaro. Por eso, la elección chihuahuense tendrá una relevancia política superior al peso de una gubernatura más dentro del mapa nacional.
Chihuahua no es un territorio prestado para el PAN
Una parte del análisis nacional suele cometer el error de considerar al gobierno panista de Chihuahua como una circunstancia coyuntural. La realidad electoral es más profunda. Acción Nacional cuenta en la entidad con una tradición política de varias décadas, una base social reconocible y una relación histórica con sectores empresariales, clases medias urbanas, organizaciones ciudadanas, productores agrícolas y comunidades que mantienen una marcada desconfianza frente al centralismo político.
El PAN no gobierna Chihuahua por accidente. Ha construido una presencia territorial que se remonta a las luchas democráticas de los años ochenta y que ha conseguido sobrevivir a derrotas, divisiones internas y alternancias. En el imaginario político estatal persiste la idea de Chihuahua como territorio de resistencia frente al poder central, una narrativa que Acción Nacional ha sabido utilizar en distintos momentos.
Actualmente, el partido gobierna el estado, conserva Chihuahua capital y mantiene presencia en municipios y regiones estratégicas. La capital es particularmente importante: además de concentrar población, recursos, medios de comunicación y cuadros políticos, funciona como el principal contrapeso electoral a la hegemonía de Morena en Ciudad Juárez.
Las encuestas municipales confirman esta geografía política. Mientras Morena conserva una amplia ventaja en Juárez, el PAN domina la intención de voto en Chihuahua capital. Cuauhtémoc se presenta como una competencia cerrada y Delicias, aun cuando algunas mediciones colocan adelante a Morena, pertenece a una región con una fuerte tradición panista y un electorado particularmente sensible a los temas del agua, el campo y la relación con la Federación.
La elección estatal será, en buena medida, una confrontación entre dos grandes polos urbanos: el voto morenista de Ciudad Juárez y el voto panista de Chihuahua capital. El resultado dependerá de cuál de los dos partidos consiga reducir su desventaja en el territorio adversario y construir mayorías en las ciudades intermedias y las regiones rurales.
Las encuestas iniciales nunca han contado toda la historia
La segunda consideración es igualmente importante. El PAN chihuahuense ha comenzado diversas campañas por debajo de sus adversarios y, aun así, ha logrado revertir la tendencia. La desventaja inicial no le resulta desconocida; forma parte, incluso, de una narrativa electoral que le permite presentarse como una fuerza que compite contra el poder, aun cuando gobierne la entidad.
Las encuestas anticipadas tienden a medir principalmente el peso de las marcas nacionales. En ese terreno Morena posee una ventaja evidente: gobierna el país, dispone de una enorme exposición pública, cuenta con programas sociales de amplio alcance y se beneficia de la popularidad presidencial.
Sin embargo, cuando comienza formalmente una campaña, el comportamiento del electorado chihuahuense suele desplazarse de la identificación partidista nacional hacia consideraciones locales: quiénes son las personas candidatas, qué gobiernos están siendo evaluados, qué relación debe tener Chihuahua con la Federación y quién representa mejor los intereses del estado.
Eso explica por qué una ventaja temprana de Morena no puede interpretarse todavía como una intención de voto consolidada. Las mediciones disponibles muestran distancias muy diferentes: algunas colocan al partido guinda más de veinte puntos por encima del PAN; otras reducen la diferencia a cinco o diez puntos; otras registran un volumen de personas indecisas cercano al 30 por ciento.
La dispersión no es un detalle menor. Indica que todavía no existe una preferencia cristalizada. También sugiere que el resultado será mucho más sensible a las candidaturas y alianzas que en estados donde la identificación con Morena supera ampliamente a cualquier competidor.
El PAN no debería despreciar las encuestas ni refugiarse cómodamente en el argumento de que siempre remonta. La historia no constituye una garantía. Pero tampoco sería correcto convertir una fotografía prematura en sentencia definitiva.
La elección que necesita el PAN
El PAN parece haber resuelto con anticipación uno de sus principales problemas: la candidatura a la gubernatura. El nombramiento de Marco Bonilla como coordinador político estatal lo coloca, salvo un cambio extraordinario, como su virtual candidato.
La decisión ofrece una ventaja: evita una confrontación interna prolongada y permite concentrar recursos en la construcción de una candidatura estatal. Bonilla posee una plataforma electoral importante, un gobierno municipal con visibilidad y una base sólida en Chihuahua capital. Además, parece obtener mejores resultados en los careos que la propia marca panista.
Su principal desafío será dejar de ser percibido como el alcalde de la capital para convertirse en una opción reconocible en todo el estado. Ganar ampliamente Chihuahua ciudad no será suficiente si el PAN vuelve a resultar testimonial en Juárez. Necesita penetrar en la frontera, consolidar Delicias y Cuauhtémoc, recuperar competitividad en Parral y construir una agenda específica para la Sierra y los municipios pequeños.
El PAN necesita convertir la elección en un debate sobre Chihuahua: seguridad, agua, campo, economía fronteriza, migración, carreteras, salud y equilibrio frente a la Federación. Si la contienda gira exclusivamente alrededor de la popularidad del Gobierno federal, Morena tendrá la ventaja. Si se transforma en una evaluación comparativa de perfiles, gobiernos y capacidades locales, la competencia puede cerrarse considerablemente.
Bonilla también deberá resolver una contradicción delicada. Por un lado, necesita defender los resultados del gobierno de Maru Campos y aprovechar la estructura estatal. Por el otro, debe ofrecer una etapa propia, capaz de reconocer insuficiencias y evitar que su candidatura sea interpretada simplemente como la prolongación del gobierno saliente.
La continuidad sin autocrítica puede producir desgaste; el distanciamiento excesivo puede fracturar al partido. Encontrar ese equilibrio será una de las decisiones estratégicas de su campaña.
La ventaja y el dilema de Morena
Morena parte de una posición favorable, pero enfrenta un problema que el PAN parece haber comenzado a resolver: la unidad interna.
La disputa efectiva se concentra entre Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez. Los demás nombres registrados o mencionados no muestran, hasta ahora, niveles comparables de reconocimiento, estructura o competitividad.
Cruz ofrece experiencia ejecutiva, dominio territorial en Ciudad Juárez y capacidad de interlocución con sectores que no necesariamente se identifican con Morena. Su perfil podría reducir resistencias entre electores moderados y facilitar el respaldo del Partido Verde. También dispone de una maquinaria municipal que puede movilizar al mayor padrón urbano del estado.
Su debilidad se encuentra en el desgaste de gobierno, especialmente en seguridad y servicios públicos, así como en una trayectoria partidista que sus adversarios utilizarán para cuestionar su identidad política.
Andrea Chávez representa una candidatura de mayor identificación con la nueva generación de Morena y con los liderazgos nacionales del partido. Tiene exposición mediática, capacidad de movilización y una campaña territorial desarrollada con mucha anticipación.
Pero su fortaleza nacional puede convertirse en vulnerabilidad local. Sus adversarios buscarán presentarla como una candidatura construida desde el centro del país, más vinculada con los grupos nacionales de Morena que con la pluralidad política del estado. También enfrenta niveles relevantes de rechazo y una competencia interna particularmente intensa.
El dilema de Morena no se limita a determinar quién gana una encuesta. Debe definir quién puede unificar al partido después del proceso interno. Una victoria de Cruz que deje fuera a Andrea sin integración política, o una nominación de Andrea que provoque el distanciamiento del grupo juarense, podría desperdiciar la ventaja inicial de Morena.
En Chihuahua, la candidatura oficialista más fuerte no será necesariamente la que consiga más apoyos dentro del partido, sino la que logre evitar una ruptura entre sus dos principales bloques.
PRI y Movimiento Ciudadano: sin posibilidades de ganar, pero con capacidad de decidir
La elección no será solamente una competencia entre PAN y Morena. PRI y Movimiento Ciudadano no parecen tener hoy una ruta realista para ganar la gubernatura por sí mismos, pero sí cuentan con los votos suficientes para determinar el resultado.
El PRI conserva estructuras municipales, cuadros experimentados y presencia en zonas rurales y en municipios como Parral. Antonio “Tony” Meléndez aparece como su perfil estatal más competitivo, seguido por Alejandro Domínguez y otros liderazgos tradicionales.
No obstante, una candidatura priista aislada difícilmente superaría el tercer lugar. Su verdadera capacidad de influencia está en una eventual candidatura común con el PAN. Para Acción Nacional, incorporar la estructura priista puede representar la diferencia entre alcanzar o no a Morena. Para el PRI, la alianza puede garantizar posiciones, aunque también acelera la pérdida de identidad que lo ha reducido electoralmente.
Movimiento Ciudadano enfrenta una decisión distinta. Alfredo “El Caballo” Lozoya posee reconocimiento, experiencia como candidato a gobernador y arraigo en Parral. MC puede competir solo con el objetivo de crecer, consolidar municipios y posicionarse como alternativa rumbo a elecciones posteriores. Pero una candidatura propia también dividiría el voto contrario a Morena.
Una alianza PAN-PRI ya sería competitiva. Un frente que incluyera además a MC podría colocar a la oposición en mejores condiciones, aunque por ahora parece políticamente difícil. La dirigencia emecista ha insistido en competir sola, mientras Bonilla ha expresado interés en construir un acuerdo amplio.
La elección puede terminar definiéndose no por el crecimiento de Morena o del PAN, sino por el destino de ese voto intermedio.
Las alcaldías anticipan un estado dividido
El panorama municipal muestra que no habrá una sola elección, sino varias competencias regionales simultáneas.
En Chihuahua capital, el PAN comienza con una ventaja importante. Santiago de la Peña, César Jáuregui y María Angélica “Manque” Granados se encuentran entre sus principales perfiles. Morena tiene en Brenda Ríos y Marco Quezada sus opciones más visibles.
En Ciudad Juárez, Morena es claramente favorito. Héctor Ortiz Orpinel, Cuauhtémoc Estrada, Ana Carmen Estrada y otros integrantes del grupo gobernante pueden competir por la candidatura. El PAN continúa muy rezagado, aunque Sergio Nevárez y Marisela Terrazas aparecen como sus figuras más mencionadas.
Delicias será una prueba para determinar si Morena puede penetrar de manera permanente en una región tradicionalmente panista. Nora Agüeros aparece como una de sus opciones, mientras Roberto Carreón y Mario Mata destacan dentro del PAN.
Cuauhtémoc podría convertirse en la contienda municipal más cerrada. El PAN conserva una ligera ventaja, con Saúl Mireles entre sus principales cartas, pero Morena muestra posibilidades reales con Roberto “Nono” Corral. El PRI todavía mantiene allí un porcentaje susceptible de decidir el resultado.
Parral presenta una fragmentación mayor. Morena comienza adelante en algunas mediciones, pero PAN, PRI y MC tienen estructuras y liderazgos propios. Salvador Calderón, Otto Valles, Guillermo Ramírez y el grupo político de Alfredo Lozoya forman parte de una competencia que difícilmente se reducirá a dos partidos.
Estas elecciones municipales influirán directamente en la gubernatura. Las candidaturas locales no serán complementarias: serán las responsables de movilizar el voto, contener las diferencias regionales y construir las coaliciones territoriales que cada aspirante estatal necesita.
Una ventaja real, pero todavía reversible
Morena tiene motivos objetivos para considerarse favorito. Encabeza las preferencias estatales, gobierna el país, domina Ciudad Juárez y dispone de dos aspirantes competitivos. Negar esa ventaja sería sustituir el análisis por propaganda.
Pero también sería un error tratar a Chihuahua como una consecuencia automática de la ola nacional. El PAN gobierna el estado, mantiene una base social consistente, controla la capital y posee una historia de remontadas electorales iniciadas desde posiciones más adversas que la actual.
La ventaja de Morena es real, pero reversible.
La posibilidad de remontada del PAN también es real, pero no automática.
El desenlace dependerá menos de las encuestas actuales que de la forma en que cada partido resuelva sus contradicciones. Morena necesita salir unido de una interna potencialmente divisiva. El PAN necesita ampliar su candidatura más allá de la capital y construir un acuerdo opositor. El PRI debe decidir entre preservar su identidad o maximizar su influencia mediante una alianza. Movimiento Ciudadano tendrá que escoger entre crecer por cuenta propia o contribuir a un bloque competitivo.
Chihuahua llegará a 2027 como uno de los principales laboratorios de la política mexicana. Allí se pondrá a prueba la capacidad expansiva de Morena, pero también la posibilidad de supervivencia y recuperación del PAN.
La elección no está resuelta. Apenas comienza a adquirir forma.
Y si algo demuestra la historia electoral reciente de Chihuahua es que comenzar arriba en las encuestas no equivale necesariamente a terminar arriba en las urnas.

