La factura invisible de Ciudad Juárez

Economía y Finanzas Política

El costo económico, político y social de una ciudad que todavía no mide cuánto le cuesta su propia insostenibilidad

Por Guadalupe Parada Gasson

Hay preguntas que una ciudad puede posponer durante años, hasta que dejan de ser preguntas y comienzan a convertirse en facturas, Ciudad Juárez está llegando a ese punto.

Durante mucho tiempo, el medio ambiente fue tratado como una agenda secundaria; cumplir normas, recoger basura, atender contingencias, medir contaminantes y reaccionar cuando el problema ya estaba presente.

Pero esa lógica resulta insuficiente para una ciudad cuya economía depende de la industria, la manufactura, la inversión extranjera, el comercio y su posición estratégica en la frontera.

En Juárez, la sostenibilidad ya no es solamente un asunto ambiental.

  • Es una variable de competitividad.
  • Es una variable de productividad.
  • Es una variable de salud pública.
  • Es una variable de inversión.
  • Y, cada vez más, es una variable política.

Por eso la pregunta que deberíamos estar haciendo no es cuánto cuesta hacer sostenible a Ciudad Juárez.

La pregunta correcta es mucho más incómoda; ¿Cuánto nos cuesta no hacerlo? No existe actualmente una cifra oficial que permita afirmar que la insostenibilidad de Juárez cuesta determinada cantidad de miles de millones de pesos al año. Sería metodológicamente irresponsable inventarla, Pero sí existen datos oficiales suficientes para demostrar que la factura ya existe.

Lo que sucede es que está fragmentada, una parte aparece en el presupuesto de limpieza, en la infraestructura hidráulica, el consumo energético, en el gasto familiar en salud, en la pérdida de productividad, los costos de infraestructura; y otra, quizá la más peligrosa, aparece como riesgo futuro para la inversión y la competitividad.

El problema es que cuando un costo se encuentra disperso entre diferentes instituciones y presupuestos, termina pareciendo que nadie lo paga, pero alguien lo paga: la sociedad.

La primera factura: la basura

Los números municipales muestran una tendencia que merece atención. En 2024 Ciudad Juárez recolectó 507,106 toneladas de residuos, En 2025 fueron 535,300 toneladas, Son 28,194 toneladas adicionales en un solo año, un crecimiento aproximado de 5.6%. En términos cotidianos, estamos hablando de alrededor de 1,467 toneladas diarias recolectadas durante 2025.

Cada tonelada implica combustible, camiones, trabajadores, mantenimiento, rutas, transferencia y disposición final, es decir, cada tonelada adicional representa presión adicional sobre las finanzas públicas.

El Ayuntamiento informó que en 2026 la recolección de basura representaría una inversión superior a 600 millones de pesos.

Si utilizamos únicamente como ejercicio de referencia esos 600 millones y los dividimos entre las 535,300 toneladas recolectadas en 2025, obtenemos un costo aproximado de 1,121 pesos por tonelada.

No debe confundirse con el costo contable oficial por tonelada; es una aproximación aritmética que sirve para dimensionar el problema; bajo ese supuesto, reducir 10% los residuos significaría evitar alrededor de 53,530 toneladas, wl valor operativo equivalente sería cercano a 60 millones de pesos.

Una reducción de 20% representaría alrededor de 107 mil toneladas, con un valor de referencia de aproximadamente 120 millones de pesos y una reducción de 30% llevaría el volumen evitado a unas 160 mil toneladas, equivalente a aproximadamente 180 millones de pesos bajo el mismo supuesto.

No significa que el Ayuntamiento pueda ahorrar automáticamente esas cantidades, Significa algo más importante; cada tonelada que dejamos de generar tiene un valor económico.

Ahí aparece la economía circular; cuando enterramos materiales que podrían reutilizarse, reciclamos o reincorporarse a una cadena productiva, no solamente perdemos un recurso ambiental.

Perdemos valor económico. Juárez está pagando para producir, pagar para consumir y después pagar nuevamente para desechar, la pregunta es ¿cuánto de ese tercer costo podríamos evitar convirtiendo residuos en materia prima?

La segunda factura: el agua

Si existe un tema que debería encender todas las alarmas económicas de Juárez, es el agua.

CONAGUA reporta para el Acuífero Valle de Juárez una recarga total estimada de aproximadamente 125.9 millones de metros cúbicos anuales, frente a un volumen concesionado de alrededor de 199.2 millones de metros cúbicos.

El resultado es una disponibilidad negativa de aproximadamente 73.3 millones de metros cúbicos al año. El documento oficial señala además que no existe volumen disponible para nuevas concesiones, esto no es solamente una advertencia ambiental, es una advertencia económica porque una ciudad industrial puede importar maquinaria, puede atraer capital, puede construir parques industriales, puede ampliar carreteras, pero no puede importar indefinidamente un acuífero.

El agua es un insumo productivo, sin agua no existe industria, no existe vivienda, no existen servicios y no existe expansión urbana sostenible, por eso deberíamos empezar a medir algo que todavía no forma parte central del debate público; ¿Cuánto valor económico produce Juárez por cada metro cúbico de agua? Y la pregunta inversa; ¿Cuánto valor económico pierde la ciudad por cada metro cúbico desperdiciado?

Ésa es la verdadera contabilidad ambiental, no basta con saber cuánto cuesta el agua, necesitamos conocer el costo económico de perderla, porque el problema hídrico puede convertirse en una restricción directa para nuevas inversiones, y cuando una ciudad comienza a competir por inversión con otras regiones, la pregunta empresarial deja de ser solamente ¿cuánto cuesta la mano de obra o el terreno? También es ¿Hay agua suficiente para crecer?

La tercera factura: energía

La misma lógica se aplica a la energía para la industria, la electricidad representa un costo operativo, pero para la ciudad representa también una variable estratégica.

La eficiencia energética permite producir lo mismo utilizando menos recursos, eso significa una palabra que debería estar en el centro de cualquier política económica; productividad.

Una empresa que consume menos energía por unidad producida tiene una ventaja competitiva, una ciudad que necesita menos energía para sostener su actividad económica tiene mayor resiliencia, por eso la descarbonización no debería plantearse únicamente como una obligación ambiental, debe plantearse como una estrategia empresarial.

La pregunta para Juárez debería ser; ¿Cuánto valor económico generamos por cada unidad de energía consumida? Y todavía más; ¿Cuánto dinero estamos dejando de ganar por energía desperdiciada?

Aquí la sostenibilidad deja de ser discurso, se convierte en eficiencia financiera.

La cuarta factura: el aire que pagamos todos

La contaminación tiene una característica particularmente injusta; el costo no siempre lo paga quien genera la emisión, Ciudad Juárez cuenta con monitoreo oficial de contaminantes a través del Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire, el dato ambiental es apenas el principio, porque detrás de cada episodio de mala calidad del aire puede existir una cadena económica; contaminación, enfermedad, consulta, medicamento, ausentismo, pérdida de productividad, gasto familiar, presión sobre los servicios públicos.

El contaminante puede salir de una fuente determinada, pero una parte de la factura termina distribuida entre miles de ciudadanos, Eso tiene un nombre en economía; externalidad; la cual tiene una consecuencia política; cuando la externalidad no se contabiliza, la sociedad termina subsidiando el costo de determinadas actividades, no significa culpar a la industria, significa reconocer que el desarrollo económico moderno necesita incorporar sus costos ambientales.

La paradoja de Juárez

Aquí aparece una de las contradicciones más profundas, Ciudad Juárez necesita crecimiento económico, industria, inversión, empleos, Pero precisamente ese crecimiento incrementa la presión sobre agua, energía, movilidad, suelo, infraestructura y residuos.

Entonces aparece una paradoja; si Juárez crece sin sostenibilidad, puede terminar deteriorando las condiciones que necesita para seguir creciendo, Más industria requiere más agua; más población requiere más servicios, Más producción genera más residuos, más movilidad consume más energía,

más expansión urbana requiere más infraestructura.

Cada nuevo costo termina llegando a algún presupuesto; municipal, estatal, empresarial, familiar; o simplemente al patrimonio ambiental de las siguientes generaciones, por eso crecimiento y desarrollo no son sinónimos, una ciudad puede producir más y, al mismo tiempo, consumir su futuro.

El problema político: la sostenibilidad no siempre es electoral

Aquí está una de las razones por las cuales estos problemas avanzan lentamente, los gobiernos trabajan con ciclos políticos cortos, la sostenibilidad trabaja con ciclos largos, una administración puede inaugurar una obra en meses, pero reducir las pérdidas de agua requiere años; una planta de tratamiento puede anunciarse, pero construir una cultura de reúso requiere décadas.

Un programa de reciclaje puede arrancar, pero cambiar el modelo de consumo requiere generaciones.

La política suele premiar lo visible. La sostenibilidad exige invertir en lo que muchas veces no se ve.

Y por eso la pregunta política fundamental es; ¿Quién está dispuesto a pagar hoy por evitar un costo mucho mayor mañana?

La sostenibilidad también es justicia social; el costo ambiental tampoco se distribuye de manera uniforme, una familia con recursos puede comprar agua embotellada, mejorar su vivienda, utilizar sistemas de climatización, acceder rápidamente a atención médica o trasladarse en automóvil.

Una familia vulnerable tiene menos margen de protección, por eso una política ambiental deficiente termina convirtiéndose también en una política regresiva, los sectores con menor capacidad económica suelen tener menor capacidad para absorber el costo de la contaminación, el calor extremo, la escasez de agua, la movilidad deficiente, la infraestructura insuficiente y el deterioro urbano.

De ahí que la sostenibilidad no pueda reducirse a una discusión empresarial, también es una discusión de equidad social; la oportunidad de convertir eficiencia ambiental en desarrollo.

Pero Juárez no está condenada, todo lo contrario; la estructura industrial de la ciudad puede convertirse en una ventaja, Juárez tiene industria, universidades, talento técnico, proveedores, capacidad logística y acceso al mercado estadounidense.

Eso permite construir una nueva economía alrededor de la eficiencia energética,

economía circular, reúso de agua, tecnologías limpias, recuperación de materiales, manufactura de menor huella ambiental, servicios de medición y certificación e innovación tecnológica.

La pregunta ya no debería ser ¿cuánto cuesta la sostenibilidad? Debería ser; ¿cuánto valor económico podemos generar haciendo más eficiente a la ciudad? Por eso sería conveniente crear un instrumento público que mida anualmente el costo de la Insostenibilidad de Ciudad Juárez.

El indicador debería sumar, con metodología verificable, las pérdidas de agua; energía desperdiciada; costo incremental de residuos materiales no recuperados; costos sanitarios asociados a contaminación; pérdida de productividad; costos de adaptación climática; infraestructura asociada al crecimiento urbano; valor económico de los recursos naturales deteriorados y riesgos para la inversión futura.

El resultado tendría que expresarse en pesos y también como porcentaje de la actividad económica de la ciudad, porque sólo así podremos responder con seriedad cuánto cuesta nuestra forma actual de crecer.

La factura ya está sobre la mesa; no conocemos todavía el monto total; pero conocemos sus componentes.

  • Sabemos que Juárez recolecta más de medio millón de toneladas de residuos al año.
  • Sabemos que su recolección implica cientos de millones de pesos.
  • Sabemos que el principal acuífero asociado a la ciudad presenta una disponibilidad negativa.
  • Sabemos que la energía representa un componente fundamental de la competitividad industrial.
  • Sabemos que la contaminación tiene costos sanitarios y productivos.
  • Sabemos que la economía circular puede recuperar materiales que hoy se convierten en residuos.
  • Y sabemos que Juárez tiene un peso extraordinario dentro de la economía de Chihuahua.

Por eso ya no es suficiente una política ambiental basada únicamente en cumplir normas, necesitamos una política económica capaz de medir el costo ambiental de producir, vivir y crecer en Juárez.

Porque cada litro desperdiciado, cada kilowatt innecesario, cada tonelada que enterramos tiene un costo, cada contaminante que llega al aire tienen un costo; y cada año que dejamos de invertir en prevención aumenta el costo futuro.

La discusión, entonces, debe cambiar de pregunta. No; ¿Cuánto cuesta hacer sostenible a Juárez?

Sino; ¿Cuánto nos está costando no hacerlo?

Ésa es la verdadera factura, una factura que hoy pagan las empresas, los gobiernos y las familias por separado. Pero que mañana podría convertirse en una sola factura para toda la ciudad: menor competitividad, mayor gasto, mayor desigualdad y menor capacidad para crecer.

Ciudad Juárez no necesita escoger entre economía y medio ambiente, necesita comprender algo mucho más profundo; su economía depende de que su territorio pueda sostenerla.

La sostenibilidad no es un gasto contra el desarrollo, es una inversión para conservar la capacidad de producir, vivir y prosperar.

Y quizá lo más importante para la próxima década sea; ¿Estamos construyendo una ciudad para que siga creciendo, o estamos consumiendo los recursos que necesitará para poder hacerlo?

La respuesta determinará mucho más que la calidad ambiental de Juárez.

Determinará qué tan competitiva, qué tan habitable y qué tan justa será la ciudad que dejemos a la siguiente generación.